domingo, 22 de mayo de 2011

Meditar

No es rezar, no es reflexionar, no es fantasear ni imaginar situaciones. Tampoco es una habilidad que uno adquiere o con la que se nace. La meditación es un estado de la consciencia. Dicho estado se caracteriza por la ausencia de pensamientos, la ausencia de la mente.

Lo que llega a suceder en el estado meditativo no es posible explicarlo con palabras, todas las ideas que se mencionen acerca de la meditación sólo son aproximaciones, pero al fin y al cabo las palabras pierden interés, las descripciones o explicaciones son incapaces de trasmitir la vivencia de dicho estado.

Es más, las descripciones que de éste se hagan resultan improductivas, quizás porque la meditación está más cerca del arte y la poesía, que de cualquier estudio científico. Porque el poder de un haiku, de una música o hasta de un aroma describe mejor dicho estado.

A la meditación se llega con la práctica constante, es difícil al comienzo, estamos acostumbrados a tener la mente ocupada. Pero con la práctica ésta se afina, se perfila, se depura, se refina, sin necesidad de hacer nada extraordinario. Y entonces dejas de estar al servicio de ella, más bien ésta, la mente, pasa a servir a tu conciencia.

El sufrimiento es inherente a la mente, la paz es inherente a la meditación. Es la solución más sencilla y directa al dolor y sufrimiento humano, al estado de insatisfacción cotidiana. Pero aún sabiendo esto, las personas prefieren hacerse de la vista gorda frente a ella.¿Por qué? Pues, cuando viene el dolor es difícil hacerle frente, pareciera ser mejor evitarlo, echar mano de cualquier cosa que nos embote los sentidos, como la compra compulsiva, el afán por la tecnología audiovisual, el facebook o cualquier otro vicio que distraiga la mente y nos mantenga ocupados. Sólo son remedios momentáneos.


1 comentario:

  1. Hace un siglo que no vengo aquí. Me ha sido imposible...

    Cuánta razón tienes. Me pongo ya!

    Un saludo

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